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El día de la boda de Rocío

Hoy queremos compartir una boda muy especial. Rocío es una de esas chicas alegres y cariñosas que sabes desde el primer momento que vas a conectar con ella. A Rocío la conocíamos gracias a su madre Ana López de Letona. Ana es una gran amiga del taller, la cara visible de la fundación EMALAIKAT, dedicada a ayudar a la población africana de Turkana, al Norte de África. Una mujer siempre dispuesta a ayudar.

Cuando le contamos a Rocío que si le apetecía que contáramos su boda en el blog, ella nos dijo que si queríamos ella misma se encargaba de contarlo. No podíamos estar más contentas, el relato de este día tan especial contado en primera persona.  Así que os dejamos con la historia de la boda de Rocío y Jaime. Esperamos que os guste.

Jaime y yo (Rocío), nos conocimos hace 9 años en La Granja, a través de amigos comunes. Pero empezamos a salir en serio hace 4 años, cuando nos rencontramos después de mi Erasmus en Bolonia (Italia).

En octubre de 2012, una noche que volvíamos de salir de repente me pidió que me casara con él. La verdad es que me pillo totalmente desprevenida pero le dije que sí.  Al día siguiente le volví a preguntar si estaba convencido de lo que había dicho y me dijo que sí, que no sabía ni donde ni cuando, pero que era la mujer de su vida y quería casarse conmigo. Y así de repente, nos decidimos.

Para el vestido tardé un poco en decirme porque no sabía bien lo que quería, ni que me podría quedar bien. Solo sabía que para la Iglesia quería llevar el velo de mi abuela y sujetarlo detrás con una tiara de la familia de mi suegra, que me encanto cuando me la enseño.

Fui a varios sitios pero el que me convenció desde el principio fue Teresa Palazuelo. Enseguida entendieron mi estilo, me probaron varias telas y diseños y me vi. Era justo lo que buscaba: algo elegante, pero muy sencillo, perfecto para una boda campestre y sobre todo, cómodo para moverme y bailar. Luego fuimos cerrando los detalles como los puños y la espalda con botones que siempre me han encantado, o el detalle de los hombros para acompañar la tiara. Las pruebas fueron muy divertidas. Teresa y Rocío lo hicieron todo muy fácil incluso con la cantidad de gente que íbamos a las pruebas: mi madre, mi hermana, mis tías, amigas…

Los zapatos me los hice en Resan, un diseño clásico en oro viejo, y eran tan cómodos que me hice también unas cuñas para aguantar hasta el final de la boda. El ramo lo elegí dos semanas antes de la boda viendo flores para la decoración, con mis tías: muy otoñal pero con unas hojitas verdes que le daban más color y unas piñas pequeñitas muy graciosas. Por último, me puse unos pendientes de mi abuela y el anillo de pedida.

Para el maquillaje y el peinado también consulté varias pero elegimos a Carmen Losa, y fue todo un acierto. Es encantadora y acertó totalmente con un estilo muy natural y un peinado que aguantó toda la noche. Nos maquilló y peinó en Segovia a mí y a mi madre. Mi madre estaba guapísima y mi hermana Lucía también, que llevaba una camisa de plumas azul también de Teresa Palazuelo.

Para las fotos, Volvoreta nos encantó desde que visitamos su estudio. Nos la había recomendado una amiga y nos encantaró como capta los detalles, la luz y la sensación de espontaneo que tenían todas sus fotos. Además Jimena es encantadora y ella y su equipo hacen que durante la boda todo sea mucho más fácil. Llevan 2

fotógrafos, una para la novia y otra para el novio, para que no falte detalle de nada.

Por último, las invitaciones nos las diseño Sara, la novia del hermano de Jaime con fotos del Esquileo. Fue todo un regalazo. Quedaron muy bonitas, y consiguió ese toque personal que queríamos dar a nuestra boda.

Como nos habíamos conocido en Segovia, decidimos casarnos en esa misma ciudad, y para la ceremonia elegimos la Iglesia de San Millán. Es una iglesia románica muy bonita y en la que nos pusieron todo tipo de facilidades.

Nos casamos el 26 de octubre de 2013 a las 12:30 de la mañana. La ceremonia la ofició un sacerdote amigo de la familia y la decoramos la tarde anterior, en familia, con hortensias secas que habían guardado mis tías.

Fue una sensación muy especial entrar del brazo de mi padre y ver a Jaime esperándome al fondo. Me pareció que habíamos recorrido el pasillo corriendo, (aunque luego me aseguraron que no fue así)  detrás de las damitas. Y al llegar al altar no podía dejar de sonreír.

Para el coro elegimos un grupo segoviano, Jam’s Quartet que nos ayudaron a encontrar una soprano para cantar algunas de las canciones como el Himno del Recuerdo, el colegio de Jaime, que cantaron al final de la ceremonia y Jaime se emocionó.

Tras la ceremonia mi tío nos llevó al Esquileo en un Jaguar plateado. Pero antes hicimos una parada en un bosque cerca de la Granja que nos había comentado Jimena para hacernos fotos. Fue un momento muy bonito y relajado, los dos solos después de la ceremonia y quedaron unas fotos preciosas.

Divertido detalle el de ponerse botas para estas fotos

Para la celebración elegimos La casa del Esquileo, que está en Cabanillas del Monte, a pocos kilómetros de Segovia. Es un lugar con muchísimo encanto, y muy cómodo para esas fechas por que es cerrado. Pero tuvimos muchísima suerte con el tiempo y pudimos aprovechar los jardines para gran parte del aperitivo.

Lo decoración la preparamos en familia  y la pusimos el día anterior mi madre, mis tías, mi suegra, su hermana y algunos amigos que acompañaron. Me encanto poder participar en todo el proceso: ir a comprar las flores, buscar recipientes, el montaje del viernes… Fue muy divertido, y con la ayuda del catering, que nos ayudó mucho a buscar todos los elementos que necesitábamos para dar un aire campestre, el resultado fue estupendo.

De la comida y organización se encargó el catering Rigatoni y nos ayudaron un montón en todos los aspectos. Éramos muchísimos invitados y como teníamos dudas del tiempo no sabíamos cómo hacer para poner las mesas. Queríamos que estuviéramos todos en una sola sala, pero con 400 invitados era casi imposible. Tres semanas antes de la boda, encontraron la solución: sería todo en plan cóctel.

Al principio teníamos un poco de miedo pero fue todo un éxito. Idearon un menú compuesto por diferentes actos muy completos y lo remataron con tres platitos de refuerzo acordes con el sitio y la temporada: Judiones de la Granja, Risotto de Boletus  y Solomillo con patatas a la crema. Todo muy bien servido y muy fácil de comer. Para la bebida pusimos varias barras de Champagne y cerveza casera que habíamos elaborado nosotros para la ocasión.

Además creamos diferentes espacios para que la gente pudiera sentarse y estar cómodamente: en la planta grande había un chillout, y unas mesas largas corridas, alternadas con mesas redondas. En la parte más estrecha del Esquileo y en el jardín, pusimos mesas altas con taburetes. Quedó muy campestre como queríamos y la gente podía ir intercambiando grupos y disfrutar de unos y otros.  Fue un gusto encontrar a alguien de confianza que le ponga tanto cariño, y empeño en cuidar todo al detalle para que salga todo perfecto.

Fuimos saludando a los invitados y fue una sensación preciosa verles contentos, compartiendo con nosotros un día tan especial. Nos felicitaban y yo no podía dejar de sonreír de lo feliz que era.

Luego, mientras pasaban los postres pedimos que acercaran a la gente a la pista de baile para entregar el ramo. Para ese momento elegimos la Marcha Radetzky, porque hace un par de años pasamos fin de año en Viena y entramos en el Teatro justo después del concierto de Año nuevo. Y así entre palmas lo repartimos: la primera mitad se la di a Sara, la novia del hermano de Jaime que llevan muchos años juntos; y la segunda, a mi hermana que no se lo esperaba porque la había dicho que una amiga se casaba y se lo tenía que dar. Se emocionó muchísimo y fue un momento muy especial.

Lucía, la hermana de la novia. Nos encanta como quedó el cuerpo de plumas.

Después abrimos el vals, bailando con mi padre y Jaime con su madre y madrina. Luego nos juntamos, y al poco cambiamos de canción a Formidable de Charles Aznavour. Una canción que nos encanta y pega mucho con nuestro estilo y nuestra manía de bailar juntos los dos.

Y bailamos y bailamos y ¡bailamos mucho! El DJ, Eloy de Microparty consiguió que la pista estuviera siempre llena y que la gente no dejara de bailar. Nos lanzaron por los aires varias veces e incluso de repente me encontré levantada por 5 tíos recorriendo la sala con la mano estirada con la canción de Superman. Un amigo de la familia nos cantó flamenco a capela y hubo otro momento muy bonito cuando se paró la música y nos sentaron, y aparecieron mi hermana y mis primas para hacer el numerito de Friends, (un  baile muy ridículo que tienen Ross y Mónica). Mi hermana y yo somos dos frikis de la serie, y ¡fue una sorpresa que me hizo muchísima ilusión! Se lo curraron mucho.

También pusimos un photocall con una polaroid que nos dejó Volvoreta para que la gente se hiciera fotos disfrazada y las colgara en una maleta que montamos con rotuladores y demás para que las dedicaran. Al día siguiente fue muy divertido ver las fotos que nos dejaron y los cuadernos con las dedicatorias. Pusimos también una cesta llena de chucherías y sacaron pulguitas, migas con huevos de codorniz, mini hamburguesas y perritos de recena para coger fuerzas.

Finalmente acabamos a las 2 de la mañana, con más de 12 horas de celebración y la gente pidiendo otra y otra antes de subir al autobús. Fue una boda muy familiar, muy alegre y muy bonita con muchos momentos inolvidables. Jaime y yo siempre sonreímos cuando lo recordamos.

 

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