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Beatriz

La boda de Beatriz

Hoy queremos hablar de Beatriz y del día de su boda. La conocimos cuando vino a visitarnos buscando un vestido para este día tan especial y cuando le propusimos que nos contara cómo fue el desarrollo de la boda, ella misma dijo que lo escribía encantada.

Aquí os dejamos cómo fue este día contado de primera mano.

Fernando y yo nos casamos el día 12 de octubre. Una fecha que quedará apuntada para siempre en nuestra vida. Queríamos que nuestra boda fuera un reflejo de nuestra personalidad y que todos los asistentes se sintieran cómodos y que lo recordaran. Y yo creo que lo conseguimos.

Empezaré contando cómo conseguí el vestido con el que me casé. Es cierto que llegué a Teresa Palazuelo tras mirar muchísimos vestidos sin encontrar para nada el estilo que quería; sencillo, original y acorde con una boda en el campo. Volví locas a mi madre y a mi tía, que me acompañaron y ayudaron siempre en la búsqueda. Entonces decidimos apostar por una buena modista que tuviera un buen taller. Indagamos entre varias y el taller de Teresa Palazuelo era nuestra primera opción porque conocíamos el trabajo y porque mi tía Guadalupe, una auténtica entendida en telas, me aseguró que se trabajaba con las telas más bonitas. Ella incluso llegó a dibujar el diseño que yo más o menos tenía en mente y que os entregamos.

Sí que es cierto que siempre tuve claro qué línea de vestido quería, pero no la tela. Sabía que quería un escote abierto, tanto por delante como por detrás, que no quería volúmenes, ni nada recargado, y “sabía” (fijaos qué ojo tengo, ¡que no quería encaje!) Vaya ironía de la vida, ya que cuando me probé esa tela tan preciosa se me rompieron todos los esquemas. La verdad es que no había visto nada como aquella pieza (ni parecido) en todo el tiempo que llevaba buscando. Sencillamente, no sabía que podía haber encajes tan espectaculares.

A medida que pasaron los días, según me iba imaginando cómo quedaría el vestido, fui enamorándome más y más de él. ¡Estaba ansiosa por que llegaran las pruebas! Las citas con en el taller confirmaron que iba a quedar mucho más bonito que nada de lo que había imaginado nunca. Una tela maravillosa, única, y un vestido hecho a la perfección.

Se trataba de un vestido realizado con una pieza única de encaje antiguo. Con una base crepe, poca cola y escote amplio delante y en espalda. Quería un vestido especial pero muy cómodo, y lo conseguí. Además fue un regalo de mi madre, lo que hizo que fuera mucho más especial.

Además del vestido, elegí unas sandalias de Nina Ricci con 8 cm de tacón y en cuanto a las joyas llevaba unos pendientes de calcedonia y diamantes de Aristocrazy, que fue un regalo de mi tía Guadalupe y una pulsera de zafiros y brillantes, regalo de mis suegros.

En cuanto al peinado, lo dejé en manos de Jesús Báez y para mí el mejor peluquero de Mérida. Consiguió una melena suelta con la cara despejada. Muy natural y con detalle de ondas desdibujadas y flores en el pelo. Además me maquilló Ana, también del equipo de Jesús, de manera natural, como yo quería y que quedó perfecto en conjunto.

Y para terminar, Alfabia fue la encargada de diseñar el ramo que llevé. Era de fresías blancas y de brezo rosa. Era justo lo que necesitaba para este día. Me encantó poder dividir el ramo en dos mitades, una se la regalé a mi amiga Heidi y la otra a Tana, la hermana de Fernando. Un momento único vivido con dos personas muy especiales en mi vida.

Y ya llegamos al momento de la ceremonia. Fernando y yo nos casamos en la finca de mi familia en Badajoz. Todos los recuerdos de mi infancia estaban allí. Os podéis imaginar que la boda fue emotiva y personal con toda esa carga personal. Tanto la ceremonia civil como la posterior celebración fueron en mitad del campo, rodeados de olivos, encinas y monte por todos los lados.

Además de la elección del lugar, la decoración tuvo mucho que ver. Toda la decoración fue obra de Sayca, tanto la de la ceremonia civil como la de cóctel posterior. De las flores se ocupó Rafa que tiene una floristería en Guareña (Badajoz) y que consiguió captar la esencia de una boda en un entorno rural.

Y no nos olvidamos del catering, del que también se encargó Sayca. La idea que llevamos a cabo fue la de una boda de cóctel, que según nos dijeron los invitados fue todo un éxito. Tanto la profesionalidad y simpatía del servicio como los productos que degustamos.

Da mucha satisfacción ver que todas las personas que van a la boda disfruten de cada momento. Por eso, tanto Fernando como yo quisimos cuidar los detalles. Por ejemplo, con las invitaciones de Paperland, nada clásicas y sencillas, pero con unos dibujos hechos por Fernando que las personalizaron al máximo.

Y la música fue una de las protagonistas del día. Durante la ceremonia y parte del coctel, un maravilloso trío de cuerda de la orquesta sinfónica de Extremadura, nos acompañó tocando piezas que nosotros elegimos, Dvorak, jazz, bandas sonoras… Pero Fernando también quiso cantar y tocar la guitarra con los amigos, fue uno de los momentos más divertidos. Así como la apertura del baile, que quisimos abrirlo con un swing de la canción de “Come fly with me”, en vez de con el típico vals.

Y para recordar este día, contamos con las fotos de Carlos Vaquero. Un fotógrafo absolutamente recomendable, que con su trabajo captó los momentos únicos de este día.

Queremos dar las gracias desde aquí a toda la familia y todos los amigos que nos acompañaron en este día tan especial. Sin vosotros no hubiese sido lo mismo.

 

 

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